Una clase de un idioma extranjero: un viaje, una búsqueda

The real reason for a quest is always self-knowledge | Thomas C. Foster

Hay una frase del profesor de literatura Thomas C. Foster que me gusta mucho, que dice: "The real reason for a quest is always self-knowledge".

Foster la utiliza para explicar que en literatura un viaje siempre implica una búsqueda cuyo objetivo es en el fondo descubrir algo sobre nosotros mismos, pero yo creo que funciona en literatura porque en gran medida es así en la vida real.

A mí me encanta viajar –y no me refiero necesariamente a visitar otro lugar, sino al mero hecho de trasladarme–, porque el movimiento me permite descubrir muchas cosas. Prefiero caminar siempre que puedo, porque caminar me ayuda a pensar y poner en orden mis ideas (un día me gustaría probar este método peripatético con los estudiantes y dar la clase paseando), pero también disfruto mucho los trayectos en autobús, en metro o en tren.


Si tenemos walking meetings, ¿por qué no walking classes?

Antes pasaba muchos veranos fuera de la ciudad y cada mañana para ir al trabajo tenía que caminar durante más de una hora por la montaña hasta la estación más cercana donde cogía un tren en el que viajaba cerca de otra hora más siguiendo la costa hasta llegar a Barcelona. A pesar de que tenía que levantarme muy temprano, esas dos horas de viaje me parecían un regalo: tenía un tiempo valiosísimo para reflexionar sobre mis problemas y mis anhelos y para repasar mis clases, de modo que esos trayectos se convertían en una búsqueda de soluciones, en un descubrimiento de pensamientos y emociones…

En mi opinión, una clase de un idioma extranjero se parece mucho a un viaje. Y, por lo tanto, a una búsqueda. La búsqueda de unas palabras para expresar nuestros pensamientos, nuestras opiniones, nuestras emociones, nuestros deseos de una forma nueva y, por lo tanto, iluminados por una luz distinta. A mí me recuerda la sensación de pisar nieve virgen (los que hayáis vivido en un lugar frío entenderéis perfectamente la emoción de caminar sobre la nieve por la que nadie ha pasado aún).

¿Qué buscan nuestros estudiantes cuando se encierran en un aula para aprender español? ¿Dónde esperan que les conduzcamos, como si fuéramos un Virgilio o una Beatriz (os dejo elegir entre el Infierno y el Paraíso)?

Es probable que alguien piense que los estudiantes no buscan adquirir autoconocimiento sino el conocimiento de una lengua. Pero yo creo que, aunque sea sin darnos cuenta, el aprendizaje de una lengua extranjera nos enseña mucho sobre nosotros mismos: sobre nuestras habilidades y nuestros puntos débiles, sobre nuestras expectativas y nuestra capacidad de trabajo y sacrificio, sobre cómo nos relacionamos, sobre cómo aprendemos, sobre nuestros prejuicios… El camino para alcanzar el Santo Grial que representa la lengua que queremos aprender al final dibuja, como ese pasatiempo infantil de unir puntos para formar una imagen, una parte del mapa de nuestro mundo interior. Hay mucha magia en ese recorrido.

Me he puesto místico, y no era la idea.

La idea era presentaros una actividad aprovechando una de las citas que me inspiran como profesor. Pero a menudo cuando emprendemos un viaje no sabemos realmente dónde acabaremos porque, como saben todos los niños, los senderos siempre se bifurcan o llevan a un cruce de caminos donde es necesario elegir. Y eso también pasa en las clases, en las que frecuentemente nuestra ruta se ve modificada inesperadamente.

Pero, volviendo a nuestro camino, tanto si estáis de acuerdo conmigo en que una clase es una forma de autoconocimiento como si no, en el aula dan muy buen resultado las actividades en las que pedimos a los estudiantes que justifiquen sus decisiones, sus opiniones, etc. Hemos hablado ya en otras ocasiones de la importancia de formular buenas preguntas, que obliguen al estudiante a argumentar su respuesta.

DAFO

El análisis DAFO en la clase de ELE
Una actividad de este tipo que podemos llevar a la clase es el análisis DAFO. Alguna vez os he propuesto actividades inspiradas en el mundo del coaching porque creo que en clase dan mucho juego para hacer que los estudiantes interactúen.

Esta semana, aprovechando que se acaba el año y que el tema que nos tocaba trabajar estaba relacionado, he probado el análisis DAFO con mis estudiantes y ha funcionado muy bien. Estábamos hablando de cambios en la vida de una persona y de propósitos para el nuevo año. Cada estudiante elegía tres buenos propósitos que tuviera para el año nuevo, cosas que quería cambiar o empezar a hacer y pensaba en las fortalezas y las oportunidad con las que cuenta para conseguir su propósito y en las debilidades y las amenazas a las que debería hacer frente. Después le explicaron este análisis a un compañero, que tenía que, apoyándose en los aspectos positivos, darle consejos al primer estudiante para conseguir salvar las dificultades y convertirlas en ventajas.

La actividad se puede adaptar a niveles diferentes y permite a los estudiantes practicar muchas estructuras y vocabulario distintos.

Cuando vi que una de las parejas se olvidaba por completo de la actividad porque estaban muy interesadas en discutir cómo conseguir un trabajo en Barcelona, me di cuenta de que el objetivo se había cumplido.

¿Aprendieron algo los estudiantes sobre sí mismos en esa clase? Yo creo que sí, pero deberíamos hacerles la pregunta a ellos.

Lo que sí puedo afirmar es que este viaje a través de citas que hemos hecho Tom y yo durante este año a mí me ha enseñado mucho sobre lo que hago y que he aprendido muchas cosas útiles para mis clases gracias a las citas de Tom y a vuestros comentarios, pero también mucho sobre mí mismo como profesor.

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Para celebrar los primeros 30 años de IH Barcelona como centro de Formación ELE, vamos publicando cada semana una cita o frase de las que nos han ayudado a formarnos como profesores y como personas.

Como profesor, estás de soporte lingüístico, no de soporte técnico

¿Puedo incluir entre nuestras 30 citas algo que yo mismo digo en prácticamente todas las sesiones de formación que doy sobre tecnología? Sí, ¿verdad?

Lo que digo es esto:

Los profesores de idiomas estamos de soporte lingüístico, no de soporte técnico

Creo que es importante tener eso muy claro, primero porque si crees que tu rol es de resolver todos los posibles problemas técnicos y sabes más bien poco de las TICs, entrarás en clase con tanta tecnofobia que acabarás limitándote a la tecnología de antes, léase rotulador y borrador (que jamás fallaban).

Segundo, si en clase intentas resolverlos todos, acabarán saliendo como hongos (¡venenosos!) y no podrás resolver ni uno y tus alumnos encima habrán aprendido únicamente que la tecnología no es lo tuyo.

Sé bastante de tecnología pero en clase yo también hago lo que recomiendo en mis sesiones de formación:

  1. No tocar nunca jamás la tecnología: no encender el ordenador, no coger el rotulador de la pizarra digital sino pedirles a los alumnos que hagan ellos todo eso
  2. No tener miedo: tus alumnos sabrán más de TICs que tú (¡sabrán!) y jamás sentir vergüenza si necesitas pedirles ayuda
  3. No complicarte la vida: elegir herramientas fáciles de usar y diseñar para tus alumnos actividades tecnológicamente fáciles de realizar
  4. Limitar cuánta tecnología se utiliza en clase: tus alumnos están para aprender el idioma, no para usar la tecnología. Sobre todo si tienen pocas horas de clase a la semana, aprovecha las horas presenciales para hablar y reserva para casa las actividades que solo requieren clicar
  5. Tener siempre un Plan B y no planificar jamás una clase que dependa 100% de la tecnología (la conexión a internet, por ejemplo)
  6. Identificar y reclutar como ayudante técnico al menos un alumno que "sabe" de tecnología. Al dividir a los alumnos para las actividades en grupo, incluir en cada grupo uno que "sabe", en la medida de lo posible
  7. Comprobar que al menos un alumno conoce la herramienta (o pedirle que la pruebe) antes de poner a toda la clase a trabajar con ella; a continuación, gran parte de los problemas técnicos los podrá resolver tu ayudante/s — y tú podrás dedicarte a las cosas más importantes, como el soporte lingüístico…
  8. Inculcar a tus alumnos el excelente hábito de ayudarse mutuamente con los problemas técnicos (si hace falta con la sección de Ayuda que viene con prácticamente todas las herramientas, a veces auténticas maravillas de documentos a los que acude el usuario medio solo en caso de desesperación total)
  9. Nunca hacer tú aquello que pueden hacer los alumnos, como crear por ejemplo documentos compartidos en Google Drive o recoger todos los correos de Gmail para hacerles autores en Blogger
  10. Darle a uno de tus alumnos derechos de administrador en las herramientas tipo Blogger o Edmodo para que haga autores a todos sus compañeros. ¡Tú, profesor/a, eres demasiado importante para pasar una semana persiguiendo a tus alumnos pidiéndoles sus correos!

Una actividad para ponerlo a prueba

Un zapato de un bebé

¿De quién era este zapato? ¿Cómo se perdió? ¿Quién lo encontró? ¿Dónde acabó? ¿Qué importancia tuvo después la pérdida del zapato? 25 años después, ¿qué hacía el niño/la niña?

Os propongo tres:

  • Dividir los alumnos en grupos de 3 o 4. En cada grupo, alguien con una cuenta de Gmail, preferiblemente usuario de Google Drive, tendrá que crear un formulario y, con la ayuda de sus compañeros, elaborar un cuestionario y enviarlo por correo a todos los miembros de la clase sobre uno de los siguientes temas: sus hábitos, intereses, conocimientos de la cultura española, conocimientos de la tecnología… Recoger la información con el formulario y luego utilizarlo para una breve presentación oral (aprovechando los gráficos que el formulario genera para la presentación)
  • Dividir los alumnos en grupos de 3 o 4. En cada grupo, uno tendrá que crear un documento de Google Drive y compartirlo con sus compañeros (y contigo). En el documento, de forma colaborativa, imaginar, inventar y escribir la historia del zapato (ver foto, arriba). Compartirla después con el resto de la clase.
  • Pedir un voluntario: necesitará bajar la excelente app de Spreaker a su móvil y probar que puede grabar audio con ella. En la clase siguiente, una persona de cada grupo de 3 o 4 necesitará hacer lo mismo — con la ayuda, si es necesario — de tu voluntario. A continuación, imaginar y grabar la historia del zapato

Fijaos como la primera actividad, si se hace en una de las primeras clases que tengamos con un grupo, además de permitirnos llegar a conocernos un poco mejor, me ayuda a detectar qué conocimientos tienen de tecnología, quién ya utiliza qué herramientas.

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Dibujar en un minuto, estilo Pictionary


Bailar, estilo Pictionary

Todo el mundo conoce el juego Pictionary, ¿verdad? Lo hemos mencionado varias veces aquí en el blog: Pictionary en cadena y para hacer la compra.

Hemos propuesto también bastantes actividades que implican dibujar algo. Después de lo que Xaxi propuso hace 15 días, una amiga me dijo "¡Pero no puedes pedir a los alumnos que hagan tiras cómicas, no saben!"

En la imagen, un garabato mío que hice en quizás 20 segundos cuando preparaba esa entrada. Tiene los brazos demasiado cortos, por no hablar del pelo que tiene y el hecho de que no tiene ni rastro de cara. Pero si, con un dibujo tan malo, luego tenemos que adivinar qué demonios es, si eso nos da una pequeña actividad de expresión oral, la calidad del dibujo realmente no tiene mayor importancia.

En clase, os recomiendo eso: poner un límite muy apurado para cualquier actividad de "dibujo", por ejemplo 30 segundos, marcados con el reloj de un móvil: por muy mal que dibujen tus alumnos, ¡no les dará corte hacerlo si luego tienen la "excusa" de que lo tuvieron que hacer a contrarreloj! 😉

Es una idea muy sencilla pero funciona: no tienen tiempo para decir (¡ni pensar!) "Yo no sé dibujar".

Dibujar (y, sí, reírnos de lo que hemos dibujado como nos reímos cuando jugamos a Pictionary) también nos ayuda a conseguir algo muy importante que comentaba Xavi, nos ayuda a:

Hacer todo ese trabajo más ameno y placentero

¿Aprenderíamos más y mejor si todas nuestras clases fueran tan divertidas como jugar a Pictionary?

Los 1001 roles que han de asumir profesores y alumnos

Un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil (Julio Cortázar, Rayuela)

En mi colección de citas (en un blog privado), hay más de 100 de Julio Cortázar que era probablemente el autor que me incitó a comenzar a recogerlas hace casi 40 años.

He escogido esta para nuestra cita de esta semana porque me parece que describe a la perfección lo que ha de saber hacer todo profesor — o sea, ser flexible, adaptarse a las circunstancias, a las necesidades de los alumnos, a los roces y conflictos, a estados de ánimo ese día que nada tienen que ver con el plan de clase que hicimos antes de entrar en el aula, y a mil cosas más que pondrán a prueba nuestra capacidad de mantener el tren de la clase bien encarrilado.

Os propongo dos actividades, la primera principalmente para vuestra reflexión, la segunda para vuestras clases (aunque la primera también ha sido muy interesante con alumnos).

Tú, profe, ¿haces de Indurain…?
Además de lector de Cortázar y coleccionista de frases célebres (y no tan célebres), soy ciclista y antes de que el dopaje lo echara a perder, fan del ciclismo desde los años de Hinault.

Aquí un Prezi que hice para un curso de formación de profesores:

¿Somos figura o gregario? ¿Director de equipo o soigneur? ¿Parte del equipo (tal vez el mecánico) o un mero espectador…? Y de paso ¿dónde está la tecnología…?

Evidentemente no hay una única respuesta correcta pero os invitamos a proponer las vuestras en los comentarios.

Os recomiendo también probar el Prezi con alumnos, sobre todo en las clases "complicadas", aquellas que contienen alumnos que no saben aprender a aprender: ¿quién es, qué rol tiene el profesor, y qué rol o roles han de asumir los alumnos?

Y el alumno, ¿qué ha de hacer en clase…?
La segunda actividad es una que a mí me encanta, que ha funcionado muy bien con alumnos, pero que yo recuerde nunca le ha gustado a ningún compañero mío (!!!).

Dibujemos el aprendizaje

Aprendemos cuando participamos al 100%…

Por fases:

  1. Explicar el producto digital final que pretendemos crear: una foto del instante en que se produzca el aprendizaje (¡difícil!, ¿verdad?)
  2. En grupos reducidos (3 a 5), hacer una lluvia de ideas para completar la frase "Aprendemos cuando…"
  3. Intentar ordenar las ideas por orden de importancia
  4. Intentar dibujar el instante con figuras de palitos (ver ejemplo, arriba)
  5. Fotografiar con un móvil el instante en forma de tableau vivant (ver ejemplo, abajo, hecho por alumnos míos)
  6. Compartir los dibujos (fotografiarlas o escanearlas) y las fotos, vía un espacio digital compartido (blog de aula, grupo de Edmodo o de Facebook, comunidad de Google+, Instagram, WhatsApp, etcétera…), acompañándolas con un texto explicativo
  7. Comentar las imágenes de los demás grupos y continuar ahí el debate

Lo importante: las oportunidades para la colaboración y uso del idioma: si la foto/las fotos realmente logran captar "el instante" es lo de menos. Los defectos que tengan en ese sentido luego se cubren con el texto explicativo.

Todos implicados: ESE es el instante

Aprendemos cuando disfrutamos de estar juntos…

Y muy importante también, las reflexiones sobre qué hemos de hacer para aprender un idioma.

El alumno, ¿es alfil, torre o caballo…? ¡Pregúntales qué creen que han de hacer en clase! Y ¿qué creen que ha de hacer su profesor?

¡Es una reflexión importante!

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Lo que la fotografía me ha enseñado sobre la tecnología y sobre nuestra profesión

Las uñas de una quinceañera

Las uñas de una quinceañera | Foto: Tom Walton

Desde hace más de 15 años no voy a ningún sitio sin mi cámara digital. La fotografía es una afición que cogí en parte por amor (por querer capturar de alguna manera el fascinante día a día de dos hijos por aquel entonces todavía pequeños); y en parte por obligación, porque necesitaba imágenes — fotos de Barcelona, por ejemplo — para los múltiples blogs y webs que llevo.

Al usar una cámara en estos años, he aprendido mucho de la tecnología en general — cosas que se pueden aplicar a casi todas las TICs que necesitemos usar como profesores. Entre otras:

  • Podemos aprender casi todo en los tutoriales que encontraremos en Internet (sobre la fotografía, recomiendo los de DPS): quieres crear un blog pero… ¿cómo? Pues, paso a paso, Blogger te explica cómo.
  • El learning by doing es muy importante pero en cuanto a la tecnología no hay nada que ayuda tanto como el learning by exploring menus. En un restaurante en un país exótico ¿vas a pedir siempre pollo con patatas? La tecnología es un país exótico: para disfrutar del viaje, lo que necesitas no es ni más gramática ni más vocabulario, sino más curiosidad.
  • Lo que importa no es tanto saber sino saber que puedes (o ¡imaginar que puedes!). Yo sé que hay muchas cosas que no sé todavía de la fotografía pero lo suficiente sí sé para apuntar la cámara, cambiar cuatro cosas básicas y sacar una foto bien enfocada y bien encuadrada. Delante del ordenador en clase, viene a ser lo mismo: no importa lo que sabes, sino la actitud que tienes. Por "no sé hacerlo", suspendes en Tecnología; por "lo puedo intentar", sacas como mínimo ese "Suficiente".
  • Hay que hacer muchas fotos malas para aprender a hacer alguna decente (tus 10.000 primeras fotos serán malas, decía el gran Henri Cartier-Bresson).
  • Pero a la vez, no hay nada como ir haciendo, cada día, para coger confianza: un proyecto 365 — sacar y publicar una foto al día — es fantástico para aprender de fotografía, pero también para ir cogiendo la confianza de que "¡yo también puedo!" con la tecnología en general (ver también el primer comentario)
  • Siempre hay alguien que sabe más y que te ayudará. En clase, con la tecnología, tus alumnos (¡jamás hay que tener miedo a pedir ayuda a nadie…!)

Otra de mis grandes aficiones es recopilar citas y tengo la teoría de que casi tan importante como el learning by doing es lo que yo llamo learning by soundbite: es decir, que recordarás para siempre una cita pero casi seguro no harás lo mismo con miles de páginas de teoría.

Desde luego no faltan en mi colección frases célebres sobre la fotografía y nuestra cita de esta semana es esta:

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Desconozco dónde la encontré, y no sé de quién es, pero creo que allí hay una lección importante para todo profesor: todo el mundo puede entrar en una clase y hacer de profesor pero tardaremos mucho tiempo, incluso toda una vida, en aprender a hacerlo bien.

Me consuela también esta, de Ansel Adams, uno de los grandes maestros de la historia de la fotografía:

Ansel Adams

Tengo miles de fotos en mi ordenador pero he borrado muchos miles más. Reviso todas las que hago pero borro las que no me gustan e intento explicarme a mí mismo qué es lo que ha fallado.

En 35 años he dado también miles de horas de clase — pero hago el mismo proceso de selección. Borro prácticamente todos los planes de clase y conservo únicamente los (pocos) que son realmente buenos — y si después de 35 años sigo dando clase creo que en gran parte es por eso: siempre a la vuelta de la esquina hay una foto nueva, una clase nueva, diferente, mejor que la de ayer

La afición también me ha llevado a visitar muchas exposiciones de fotoperiodismo que me han enseñado esto:

Las mejores fotos cuentan historias y nos sugieren preguntas. Y esas preguntas nos dan actividades interesantes para nuestras clases. Es más, para nuestras clases, no importa tanto la calidad de la imagen (aunque ayuda, claro) como la calidad de las preguntas.

Salir de las exposiciones también me ha hecho pensar muchas veces lo siguiente:

Aunque las fotos de los grandes profesionales están en un nivel a años luz de mis fotos, las mías son las que más interés tienen para mí.

Creo que es así también en nuestras clases: las fotos de nuestros alumnos, las que llevan en sus móviles, o que tienen en sus cuentas de Facebook o Instagram (o las que llevan en un álbum secreto en su cabeza) son mil veces más interesantes que las que nosotros los profesores podamos encontrar (=¡robar!) en Google.

Para acabar, aquí os dejo una una actividad para vuestras clases donde vuestros alumnos podrán compartir algunas de sus fotos (suponiendo, claro, que todos tienen).

Los pasos a seguir:

  • Les explico que tengo 9 fotos mías, que pueden incluir mis aficiones, familia y amigos, y mis lugares favoritos de Barcelona. NO les enseño las fotos
  • Mis alumnos tienen que adivinar de qué serán, y cómo serán, con todo lujo de detalle
  • Pueden hacerme una pregunta personal cada uno para obtener pistas
  • En parejas, hacen una lista por escrito de qué temas creen que pueden salir en las 9 fotos
  • Les enseño las fotos
  • Vemos quién logró hacerse la mejor idea de cómo serían mis fotos (¡con premio a los que más se acercan, claro 😉 !

Las fotos:

9 fotos personales

A continuación:

  • Individualmente tienen que buscar 9 fotos suyas y, mientras tanto, vamos adivinando cómo serán nuestros compañeros de clase
  • Finalmente, vemos sus fotos

Funcionaría muy bien en un blog (con una entrada, inicialmente sin fotos, para cada alumno, con los comentarios a la entrada para las preguntas personales), en un grupo de Edmodo o de Facebook, en una comunidad de Google Plus, en Instagram (¡claro!), hasta en un grupo de WhatsApp. También se puede hacer prácticamente sin tecnología, aparte de las fotos.

Recomiendo la actividad para una segunda o tercera clase con los alumnos: nos conocemos un poco, nos hemos hecho una idea de cómo son nuestros compañeros… y cómo es nuestro profesor/a.

Es buena manera de llegar a conocernos, de romper el hielo y de hacer grupo, de conocer también el profesor/a y de comenzar a compartir.

Me gusta hacer yo también las actividades con los alumnos: me sitúo a su nivel, como uno más, que también comparte con ellos las cosas que hacemos todos juntos.

Pruébalo, seguro que te gustará. Es uno de los planes de clase que se salvaron, de una idea original quizás (no estoy seguro) de Antonia Clare.

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