Una única historia, desde muchos puntos de vista

Recorte de prensa

Caído de una novela, un recorte de prensa

Hará cosa de un año, presté mi copia de El coronel no tiene quién le escriba a una amiga. Me lo devolvió cuando la vi en diciembre: me dijo que le gustó, pero le gustó aun más el recorte de prensa (en la imagen) que encontró dentro.

Me encantan — y recorto y colecciono y a veces pierdo entre papeles y libros — las historias de ese tipo (y creo que también le hubiera gustado a García Márquez).

Me encantan también como punto de partida para las clases de idiomas y os proponemos lo siguiente como actividad o de expresión escrita o de expresión oral.

  1. Leer la historia, cuyo texto hemos encontrado en los archivos de El País del año 2000
  2. Averiguar lo que podamos sobre Abaetetuba, Belém, el remolcador Coronel Heitor, Macapá, etcétera (quizás aprovechando los móviles)
  3. Hacer (léase inventar) una lista lo más larga que se pueda de los posibles testigos de la historia, dándoles nombres, etcétera
  4. Elegir cada alumno uno de dichos personajes
  5. Crear cada uno, sobre papel y de forma individual, unos apuntes sobre qué vio, qué pasó, que luego le permitirá inventar y contar su versión de la historia
  6. Hacer una puesta en común, que nos permitirá eliminar (¡o mantener!) posibles incongruencias entre las diferentes versiones, y generar otras ideas que nos pueden ayudar a mejorar las historias
  7. Contar las diferentes versiones de la noticia, o por escrito o oralmente

Si tenéis un blog de clase, o una comunidad de Google+, o un grupo de Edmodo (etcétera), podremos compartir — y comentar — ahí las diferentes versiones de la historia. Los Google Docs compartidos también funcionan de maravilla para las actividades de escritura creativa colaborativas.

Personalmente me gustan las actividades que hacen uso de las TICs, pero un uso mínimo. De las 7 frases de la actividad que propongo, fijaos como solo en una o dos utilizamos la tecnología (y ese "utilizamos" es más bien "utilizan"). La última fase se puede hacer perfectamente fuera de las horas de clase, aunque también dependerá de la tecnología que tengamos a nuestra disposición.

Si queremos una historia oral, hay herramientas excelentes como el app de Spreaker para grabarlas; o la versión gratuita de Voki, donde también podremos crear una animación del personaje; o ¿qué tal dibujar los personajes, ponerlos en un PowerPoint o documento de Google Drive y utilizar present.me para la grabación?

Añadir a favoritos el permalink.

6 Comments

  1. Chula la historia, Tom! Y me gusta la actividad.

  2. Gracias Kim ;-).

    Para tus clases de inglés quizás mejor esta de una Mother-in-law wounded in US armadillo shooting, donde se podría hacer algo parecido.

    Cuando te das cuenta de que las historias curiosas de este tipo van bien para las clases, comienzas a encontrarlas por todos lados. Hay que estar atento, ¡pero están!

  3. Haha, yes! La historia desdeel punto de vista de la suegra, del armadillo….

  4. O desde el punto de vista de la suegra del armadillo… 😉 !

  5. Tom:
    Yo también era (me estoy quitando) muy aficionado a guardar recortes de prensa en carpetas, entre las páginas de un libro, encima del escritorio…
    Pero puede ser un hábito dañino. Hace muchos años guardé en el libro que estaba leyendo la necrológica de un autor al que leía semanalmente en un periódico. La lectura de sus artículos era uno de mis momentos de felicidad en la semana, y cuando falleció me puse muy triste. Unos años después un sábado por la tarde, releyendo ese libro, di otra vez con la nota de su muerte. Volví a ponerme muy triste. Mi mujer trataba de consolarme diciéndome que ya sabía que había muerto, que hacía tiempo que había ocurrido, etc. Pero no hubo manera: reviví la pena como si fuera reciente.
    Me encanta la actividad, Tom. Como decía en otro comentario hace unos días, uno de los alicientes del trabajo creativo en la clase es que ese texto, ese dibujo, ese vídeo… tienen el poder de conservar siempre fresca una experiencia.

  6. Te entiendo, Xavi. 30 años más tarde, aún recuerdo donde estaba — tomando un café en el Passeig Sant Joan — cuando me enterré por El País que se había muerto Julio Cortázar. Y era como haber perdido alguien de mi familia.

Deja un comentario